Yo no quiero oler tus flores.

Inevitablemente se me van a morir todos y todas. Si quisiera no llorarles, tendré que morirme antes. No quiero causarles dolor, ni vivir el de su pérdida.

¿Ves entonces por qué la extinción repentina de nuestra especie es lo más conveniente?

Should we...?

Yes, yes, definitely.


Ich meine, bitte. 

Du und ich


Wir waren wunderlich.

También puedo culpar a mi mala memoria.

Y decir que todas las veces que me rompo la cara contra el mismo peñasco han sido culpa de mi olvido, porque ahi ha estado siempre y en años no se ha movido. Me toco las heridas donde la sal escuece y trato de encontrar un motivo, un sentido a toda esta locura que no me deja quitar los ojos del cielo quieto y la playa complaciente que creo ver al otro lado.

La espuma en la arena murmura una advertencia. Sigo sin escucharla, y nada parece real.

Escalando con las manos ensangrentadas triunfo sobre el peñasco y alcanzo a ver la basura en la playa.

2:29 am, 15 de septiembre 2016.

Dijo que no tenía ganas.

Que ya no tenía ganas, que estaba cansada. 

Dolió como el bisturí entrando en la carne sin anestesia, como Argentina perdiendo en el Monumental. Decepcionó como perder en un doble o nada, como no encontrar el compás. Dolió como le duele la sordera al músico y al filósofo perder el debate. Dolió como a Simone le debió haber dolido dejar a uno por volver al otro que tenía a alguien más. Ardió como el agua caliente en la piel quemada, como leer por accidente el final. Y siguió en su memoria siempre con la molestia de un pellejito en el dedo que no se acaba de arrancar.